Han pasado los dos fines de semana a lo largo de los cuales se han desarrollados las Jornadas Internacionales de Canto Coral en Aragón Ciudad de Borja. Como ya nos tienen acostumbrados, nuevamente el nivel de las agrupaciones que han intervenido en los siete conciertos ha sido muy elevado excepción hecha de uno de los coros.
Las experiencias para los sentidos vividas por el público asistente y que año tras año abarrota la iglesia de Santa María serían la envidia de aquellos que no han asistido a los conciertos. Paralelamente, las experiencias humanas de quienes vivimos más desde dentro las Jornadas y tenemos, no solo el contacto con los participantes, sino con los que trabajan para hacer que todo funcione, no pueden describirse con palabras. El retorno de Borja una vez concluído esta gran fiesta coral supone un período de morriña que cuesta superar. El año se mide de edición en edición.
Especial ha sido para mi esta edición en la cual se ha escuchado por primera vez la obra compuesta para celebrar la treinta edición. Un misa para coro y órgano con la que el coro organizador y anfitrión de las Jornadas, Vientos del Pueblo, haya actuado por vez primera en "sus" Jornadas. Una experiencia de una gran emoción para todos, especialmente por la ausencia del padre de todo esto y director de Vientos del Pueblo, Emilio Jiménez Aznar. Su coro aparecía por primera vez, y Emilio, seguramente, era la primera vez que no aparecía. La indisposición será superada y lo tendremos de nuevo en la treinta y una edición, en 2011. Ya está su pensamiento en ella.
En la primera parte hicieron unas obras de diversos autores, alguna de ella con Sonia Pueyo en el órgano, y con los solos vocales de Esmeralda Jiménez y su hermano Jorge. La interpretación de "Missa", con el certero acompañamiento más que organístico sinfónico de Sonia Pueyo, y la sensible dirección de Esmeralda, la hija de Emilio, resulto un éxito. Largos aplausos acompañados de "bravos" premiaron a los intervinientes.
A continuación incorporo la crónica que publicó Heraldo de Aragón sobre el primer fin de semana de estas Jornadas y va firmada por mi:
"El primer fin de semana de las Jornadas lo abrió la gala lírica homenaje a Ramón Borobia Paños. Sonaron canciones de Schumman bellamente interpretadas por la soprano Marta Notivoli destacando “Nuit d’etoiles” de Debussy junto al arpa de Isabel Maicas. La mezzo Ana Cristina Marco epató con “Je ne t’aime pas” de Weill, y lo mismo con Montsalvatge y Guastavino. El bloque dedicado a la ópera y la zarzuela colmó de satisfacción a los asistentes al recital. Los dúos sonaron equilibrados, las cantantes mostraron calidad elevada y los instrumentistas supieron estar en su papel. Marco entusiasmó al público con su desenvoltura teatral, desparpajo y color vocal. Notivoli hizo gala de una pulida técnica y hábil desempeño vocal. Maicas, puso la nota menos convencional al adaptar al arpa algunos acompañamientos originalmente pianísticos y hacerlos naturales para su instrumento a través de un delicado pero rotundo sonido. Eliberto Sanchez arropó con elegancia las intervenciones de ambas féminas.
El sábado actuó el primer coro. Venido de Sofia, el coro Rodina, dirigido por Maya Vasileva, cantó géneros variados con más ilusión que resultados convincentes. La circunstancia de su amateurismo alivia la carga crítica hacia los defectos interpretativos, las poco cuidadas voces y al estilo tosco impreso al “Ave Maria” de Victoria o marcial al “Locus iste” de Bruckner, pero no descarga a su directora de la responsabilidad de ponerle solución.
Lo mejor nos esperaba el domingo con el Chamber Choir of Asia. Tres de sus miembros impartieron el Taller de Dirección que tuvo lugar el fin de semana. Si se dice que la perfección no existe, esta docena de cantantes la tocan con la punta de los dedos. Sus interpretaciones alcanzaron grados de matización increíbles. Timbre brillante, voces cortantes como navajas, equilibrio impecable entre voces graves, medias y agudas. Por cierto, que las tesituras superiores a las que pueden llegar sus mujeres son escalofriantes. Del Barroco de Gabrieli y Monteverdi a las creaciones inspiradas en la música de Taiwan, Singapur y la propia Filipinas. Escuchamos varias composiciones de los miembros del coro John Pamintuan (vaporoso estatismo y etérea textura los de su “Lux Aeterna”) y Robert Delgado (grande su “Pananambitan”). La consecuencia de su espléndida actuación fue una larga y sonora explosión de aplausos de un público puesto en pie.
La valoración global será una media de los tres. Sobre cinco, otorgaré un cuatro a la Gala Lírica, un tres -generoso- a Rodina, y un cinco al coro filipino." (Heraldo de Aragón 26 octubre 2010)
Las experiencias para los sentidos vividas por el público asistente y que año tras año abarrota la iglesia de Santa María serían la envidia de aquellos que no han asistido a los conciertos. Paralelamente, las experiencias humanas de quienes vivimos más desde dentro las Jornadas y tenemos, no solo el contacto con los participantes, sino con los que trabajan para hacer que todo funcione, no pueden describirse con palabras. El retorno de Borja una vez concluído esta gran fiesta coral supone un período de morriña que cuesta superar. El año se mide de edición en edición.
Especial ha sido para mi esta edición en la cual se ha escuchado por primera vez la obra compuesta para celebrar la treinta edición. Un misa para coro y órgano con la que el coro organizador y anfitrión de las Jornadas, Vientos del Pueblo, haya actuado por vez primera en "sus" Jornadas. Una experiencia de una gran emoción para todos, especialmente por la ausencia del padre de todo esto y director de Vientos del Pueblo, Emilio Jiménez Aznar. Su coro aparecía por primera vez, y Emilio, seguramente, era la primera vez que no aparecía. La indisposición será superada y lo tendremos de nuevo en la treinta y una edición, en 2011. Ya está su pensamiento en ella.
En la primera parte hicieron unas obras de diversos autores, alguna de ella con Sonia Pueyo en el órgano, y con los solos vocales de Esmeralda Jiménez y su hermano Jorge. La interpretación de "Missa", con el certero acompañamiento más que organístico sinfónico de Sonia Pueyo, y la sensible dirección de Esmeralda, la hija de Emilio, resulto un éxito. Largos aplausos acompañados de "bravos" premiaron a los intervinientes.
A continuación incorporo la crónica que publicó Heraldo de Aragón sobre el primer fin de semana de estas Jornadas y va firmada por mi:
"El primer fin de semana de las Jornadas lo abrió la gala lírica homenaje a Ramón Borobia Paños. Sonaron canciones de Schumman bellamente interpretadas por la soprano Marta Notivoli destacando “Nuit d’etoiles” de Debussy junto al arpa de Isabel Maicas. La mezzo Ana Cristina Marco epató con “Je ne t’aime pas” de Weill, y lo mismo con Montsalvatge y Guastavino. El bloque dedicado a la ópera y la zarzuela colmó de satisfacción a los asistentes al recital. Los dúos sonaron equilibrados, las cantantes mostraron calidad elevada y los instrumentistas supieron estar en su papel. Marco entusiasmó al público con su desenvoltura teatral, desparpajo y color vocal. Notivoli hizo gala de una pulida técnica y hábil desempeño vocal. Maicas, puso la nota menos convencional al adaptar al arpa algunos acompañamientos originalmente pianísticos y hacerlos naturales para su instrumento a través de un delicado pero rotundo sonido. Eliberto Sanchez arropó con elegancia las intervenciones de ambas féminas.
El sábado actuó el primer coro. Venido de Sofia, el coro Rodina, dirigido por Maya Vasileva, cantó géneros variados con más ilusión que resultados convincentes. La circunstancia de su amateurismo alivia la carga crítica hacia los defectos interpretativos, las poco cuidadas voces y al estilo tosco impreso al “Ave Maria” de Victoria o marcial al “Locus iste” de Bruckner, pero no descarga a su directora de la responsabilidad de ponerle solución.
Lo mejor nos esperaba el domingo con el Chamber Choir of Asia. Tres de sus miembros impartieron el Taller de Dirección que tuvo lugar el fin de semana. Si se dice que la perfección no existe, esta docena de cantantes la tocan con la punta de los dedos. Sus interpretaciones alcanzaron grados de matización increíbles. Timbre brillante, voces cortantes como navajas, equilibrio impecable entre voces graves, medias y agudas. Por cierto, que las tesituras superiores a las que pueden llegar sus mujeres son escalofriantes. Del Barroco de Gabrieli y Monteverdi a las creaciones inspiradas en la música de Taiwan, Singapur y la propia Filipinas. Escuchamos varias composiciones de los miembros del coro John Pamintuan (vaporoso estatismo y etérea textura los de su “Lux Aeterna”) y Robert Delgado (grande su “Pananambitan”). La consecuencia de su espléndida actuación fue una larga y sonora explosión de aplausos de un público puesto en pie.
La valoración global será una media de los tres. Sobre cinco, otorgaré un cuatro a la Gala Lírica, un tres -generoso- a Rodina, y un cinco al coro filipino." (Heraldo de Aragón 26 octubre 2010)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada